Como ya os había comentado, este fin de semana pasado me pasé por Ortigueira, y me reafirmo en que es una de las mayores fiestas a las que uno puede participar. Aunque llegué allí el jueves, no fui a ningún concierto hasta el sábado, día que salían a escena Kepa Junkera o Bagad Kemper.

Llegué al escenario bastante pronto, sobre las 23:00, y aún no había empezado nada, a pesar de que los folletos marcaban las 22:00, y en apenas 10 minutos arrancó la noche festivalera con Kroke, un grupo polaco con un folk bastante electrónico que, aunque empezó bastante bien, con ritmo, fue derrúmbandose poco a poco dejando solo algunos destellos de calidad, para acabar con un tema que le pegó un cambio radical a los anteriores, volviendo al inicio del concierto. Una vez acabó Kroke, se erigió sobre el escenario el artista más esperado de Ortigueira (al menos eso pienso), Kepa Junkera.

Los vascos ofrecieron un concierto ejemplar, miles de personas abarrotaban el puerto de Ortigueira con cada canción que salía de los instrumentos de los bilbaínos. Arrancaron genial y continuaron mejor, provocando el éxtasis del público, que incluso encendió bengalas, llegando al punto álgido cuando los txalapartari Iñaki Plaza e Ion Garmendia se consagraron en Ortigueira con un increíble solo de Txalaparta a lo que nada es comparable. He estado ojeando vídeos en YouTube de ellos tocando este solo, y ni se le asoma, pero para nada. Para cerrar el concierto tocaron un par de temas tradicionales gallegos con un soberbio toque Kepa Junkera, acabando con una espectacular Muñeira de Chantada, que dejó al público boquiabierto.

Tras el Nirvana alcanzado tras los vascos, los gallegos Daniel Bellón, Diego Maceiras y Álex Blanco, saludaron al público que veía como la lluvia mostraba su presencia en el puerto de Ortigueira, diminuyendo la gente que estaba observando al grupo, cuando el agua que caía (aka lluvia) comenzaba a apretar con más fuerza y me fui del escenario sin haber podido ver a Bagad Kemper.

Pero hay un dicho que dice, no hay mal que por bien no venga, y así fue. Justo tras irme, y sin saber muy bien que hacer, encontramos en una de las plazas una charanga (no sé si improvisada) que atrajo a un público enloquecido que se movía al ton de la música y cantaba sin retraimiento alguno, sin poder evitarlo. Sin embargo, la lluvia siguió aumentando en cantidad y hubo que abandonar la zona y regresar al camping, donde como no, seguimos la fiesta.

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